La Red de Redes de Economía Alternativa y Solidaria (REAS RdR), gran referente del sector en España, cumple 30 años con la determinación de seguir creciendo y aumentar su impacto social y político. Impulsar una economía justa, democrática y sostenible que ponga a las personas por delante de los beneficios materiales y sirva de alternativa al modelo capitalista dominante es el gran objetivo de la organización. Sus más de 1.000 entidades y empresas asociadas, distribuidas en 16 redes territoriales y 6 sectoriales, facturan conjuntamente 1.300 millones de euros anuales y movilizan a más de 300.000 personas entre trabajadoras, socias y voluntarias. Alternativas económicas conversó con su presidente, Alfonso Bolado, sobre los retos de la economía social y solidaria (ESS) en España.

¿En qué momento se encuentra la economía social y solidaria en España?

Creo que ya hemos superado la fase de pruebas y hemos demostrado que otra economía es posible. La ESS es hoy una escuela de prácticas socioeconómicas sólida, viva, diversa y reconocida. Somos una realidad presente en la práctica totalidad de territorios del Estado y en muchas actividades esenciales para la sostenibilidad de la vida. Este momento de madurez y, sobre todo, la capacidad de proponer soluciones innovadoras, nos ha puesto en el radar de los movimientos sociales, que reconocen en la ESS un instrumento para materializar sus reivindicaciones, y también en el de instituciones públicas, que ven en la ESS una respuesta real a necesidades sociales cada vez más acuciantes.

¿Qué aporta la ESS a la economía española?

Posiblemente la ESS sea poco relevante en términos de PIB. Sin embargo, es la única corriente de pensamiento y práctica económica que propone nuevas respuestas a la crisis sistémica y a los excesos del capital. Lo hacemos desde la inteligencia colectiva, desde la práctica cotidiana de los valores y generando alternativas para un consumo crítico y transformador. Esto nos ha llevado a aglutinar iniciativas en sectores económicos estructurales como la alimentación, los cuidados, la energía, la vivienda, las finanzas, la prensa y multitud de servicios en un espacio económico de valores compartidos que denominamos Mercado Social. Este carácter innovador, lejos de las lógicas extractivistas del modelo start-up y comprometido con la transición ecosocial, nos permite afirmar que la ESS construye esperanza.

¿Qué diferencia una empresa de la ESS de una empresa, digamos, «convencional»?

Si utilizamos el adjetivo “convencional” para describir a las empresas mercantiles de capital, la diferencia fundamental es que las entidades de la ESS invertimos la lógica hegemónica capitalista partiendo de una crítica al sistema que nos ha traído a esta crisis civilizatoria. La ESS sitúa la sostenibilidad de la vida en el centro del circuito económico, de modo que, lejos de entender la economía como el arte de adquirir y acumular dinero de manera indefinida, reivindica la subordinación del capital a la satisfacción de las necesidades de las personas y las comunidades dentro de los límites del planeta.

La ESS es poco conocida entre la ciudadanía. ¿Qué se puede hacer para que gane visibilidad?

Quizás no es todo lo conocida que debería, pero cada día más se conocen más sus propuestas. Cada vez se habla más de alimentación ecológica, de energía renovable, de recuperación y reciclaje, de vivienda cooperativa, de comercio justo, de finanzas éticas… El término economía solidaria como tal quizás no ha permeado aún todo lo que podría, pero la realidad que representa es cada día más visible y reconocida. Sin duda, hay un marco de correlación de fuerzas que no nos es favorable, que afecta también a otros agentes sociales y que tiene que ver con la falta de recursos y de apoyo institucional y con la concentración de los centros de poder y de información. Pero creo que estamos trabajando en la línea que debemos, generando alianzas como la plataforma Futuro en Común, Nos Plantamos, la conferencia Más Allá del Crecimiento, los encuentros con el movimiento feminista y ecologista, etc.

La gran mayoría de las entidades de la ESS son pequeñas. Según la Auditoría Social que REAS RdR elabora anualmente, el perfil más representativo del sector es el de una organización con solo seis personas trabajadoras.

Aumentar el tamaño de las entidades es precisamente uno de nuestros grandes retos. Jordi Garcia Jané da algunas pistas de por dónde deberíamos avanzar en el primer dossier de IdeariaLab, el laboratorio de economía solidaria que acabamos de lanzar y cuyo primer trabajo incluye reflexiones para la escalabilidad [más información en la página 50]. Por recuperar un par de ellas, creo que es fundamental consolidar el crecimiento en las actividades esenciales para la reproducción de la vida en algunas de las cuales ya somos referentes: alimentación, energía, vivienda, cuidados, finanzas… Por otra parte, debemos acoger a nuevas generaciones de personas jóvenes y de personas migrantes o racializadas que renueven las organizaciones, que las conecten con nuevas prácticas y propuestas y que las proyecten hacia el futuro.

Quienes trabajan en la ESS se mueven entre la reforma y la transformación radical del sistema económico capitalista. ¿Estamos ante un movimiento político, además de económico?

Lo económico es político. El capitalismo, como recoge la carta de principios de la economía solidaria, no es solo un sistema económico, sino sociopolítico y cultural, basado en relaciones de desigualdad y exclusión. La respuesta para su superación debe enfocarse también desde este prisma. Por eso trabajamos desde una triple vertiente: como un enfoque de economía crítica, como un conjunto de prácticas alternativas en todo el ciclo económico (producción, distribución, consumo y financiación) y como un movimiento que busca la transformación social porque propone la transformación del sistema económico imperante.

¿Es posible que la ESS y entidades mercantiles cooperen en beneficio de toda la sociedad?

Sería deseable. Necesitamos respuestas a la crisis sistémica y, aunque la ESS puede ser una, es claramente insuficiente. Se hace necesaria, además, la concertación de unas políticas públicas decididas y valientes y de un tejido empresarial mercantil privado que se comprometa social y ecológicamente más allá del greenwashing a través de una aplicación rigurosa de la responsabilidad social corporativa (RSC) o sistemas avanzados de certificación.

¿Qué diferencia hay entre economía social y solidaria y la economía social a secas?

A menudo se ha descrito la ESS como la hija revoltosa de la ES, y hay bastante de cierto en ello. Hay un tronco común: el carácter asociativo de la actividad económica, el foco en las necesidades de la comunidad, la práctica de una cierta democracia organizativa y la aplicación de criterios de justicia distributiva en el uso del capital. De algún modo, la ESS más institucionalizada fía su identidad a la forma que adoptan sus instituciones, hecho que la convierte en un sector de actividad muy estable y muy previsible, tan previsible como necesario. La ESS, sin embargo, abandona el nido de la economía de mercado y, a menudo, huye de la institucionalidad. A cambio, propone una crítica sistémica a la lógica capitalista. El empeño de las organizaciones de la ESS —cooperativas, asociaciones, proyectos comunitarios y tantas otras formas de articulación social— es demostrar que los proyectos económicos al margen del dogma de la economía liberal son viables y son embrión de una economía poscapitalista que sitúe en su centro la satisfacción de las necesidades de las personas, la cohesión de los grupos sociales y la consideración de los límites biofísicos del planeta.

Un problema de las entidades de la ESS suele ser la falta de financiación. ¿Cómo es posible resolverlo?

Históricamente hemos confundido la crítica al capitalismo con el rechazo al capital, al uso del dinero, y aún hoy existe cierto reparo moral en algunos sectores de la ESS. Además, la vocación de trabajar desde y hacia las comunidades ha acabado describiendo ámbitos de actuación muy dependientes de las administraciones públicas y de unas políticas a menudo más orientadas a la reducción de costes que a la calidad. Con frecuencia, los proyectos cooperativos o de iniciativa comunitaria, muchos de ellos de base informal, nacen totalmente descapitalizados, con una aportación ingente de esfuerzo humano pero sin bases materiales para consolidarse más allá de la curva de aprendizaje. Conscientes de ello, en el seno de la ESS se han ido construyendo instrumentos financieros con una doble función: facilitar el acceso a la financiación de las organizaciones a través de la innovación financiera basada el apoyo mutuo y la propiedad colectiva y construir una cultura financiera propia, coherente con nuestros principios.

¿Cuáles son esos instrumentos?

Los últimos tres años hemos celebrado, entre otros, 40 años de Arç Cooperativa, 25 años de FETS, 20 años de Coop57, 25 años de Oikocredit y 10 años de la obtención de la ficha bancaria de Fiare Banca Etica en el Estado español. Estas efemérides no son ninguna casualidad. Las finanzas éticas han sido un eje estratégico durante las últimas décadas y explican buena parte de la consolidación y resiliencia del movimiento. Creo que lo que nos limita no es tanto la ausencia de instrumentos, como que el modelo financiero de los proyectos de la ESS no responde a los criterios del emprendimiento que pretende impulsar el pensamiento hegemónico

¿Por qué hay más mujeres que hombres en la economía social y solidaria?

En la actualidad, y es una tendencia creciente, las mujeres representan alrededor del 64% de las personas que forman parte de este ecosistema. Este dato se explica porque las empresas de la ESS promueven organizaciones habitables, es decir, que se apliquen medidas que fomenten la conciliación y la corresponsabilidad para todas las personas trabajadoras. Además, promueven modelos de liderazgo y gobernanza feminizados en los que la toma de decisiones es más participativa, así como entornos más respetuosos que favorecen un clima laboral cooperativo.

La sociedad actual parece premiar el individualismo más que al esfuerzo colectivo. ¿Cómo encajan las cooperativas en este mundo?

Justamente necesitamos experiencias como las cooperativas y otras prácticas colectivas de la economía solidaria para romper con la cultura de la individualidad capitalista. Me remito a nuestra carta de principios, que defiende que frente al individualismo y la competencia imperantes en el capitalismo, la economía solidaria apuesta por la cooperación como propuesta de autoorganización basada en el apoyo mutuo y la solidaridad, desde el conocimiento de que los procesos de cooperación favorecen la corresponsabilidad, el trabajo colaborativo, la deliberación colectiva, los saberes compartidos y el aprendizaje mutuo.

El número de cooperativistas en España está estancado. ¿A qué cree que se debe?

Es un análisis complejo en el que confluyen muchos factores. Entre ellos podríamos rescatar la cultura individualista de la que hablábamos antes, un paradigma que no favorece ni promueve los procesos colectivos, sino todo lo contrario. En este marco, sin duda, afecta también la escasa presencia de formación cooperativista en los programas educativos como también es mejorable el apoyo institucional de políticas de apoyo al cooperativismo. Y luego, quizás, creo que hay cierto desencanto y falta de expectativas en la juventud, producto, sin duda, de la difícil situación que enfrenta en lo laboral, el acceso a la vivienda, etc. Esto lleva a una situación de apatía y abulia que difícilmente puede confluir con el impulso movilizador y la determinación que definen los procesos cooperativos.

¿Cómo animaría a las personas que estén pensando en emprender un proyecto cooperativo y solidario?

Emprender un proyecto cooperativo supone afrontar las incertidumbres y los esfuerzos del emprendimiento con la fuerza y el apoyo de tus socias y socios. Emprender en solitario es mucho más duro. Juntas quizás vayamos un poco más despacio, pero llegamos siempre más lejos. Aprenderemos más rápido y crearemos espacios seguros para todas. Emprender en la economía solidaria supone poder hacer lo que te gusta de la manera que te gusta, sin renunciar a tus valores. Cuando emprendemos de forma colectiva en la economía solidaria apostamos por valorizar el trabajo, todos los trabajos, como fuente de verdadera riqueza y sostén de nuestras vidas. El capital se relega a un segundo plano: ya no es el fin, sino solo un instrumento. Además, el ecosistema de la economía social y solidaria es una red acogedora, que apoya los nuevos proyectos, facilita el acceso a financiación, alienta la cooperación y las compras recíprocas. En definitiva, un espacio más amable en el que desarrollar nuestros proyectos y sueños.

 

¿Quién es?
Licenciado en Historia y con un MBA, Alfonso Bolado (Valladolid, 1972) es socio trabajador de Arç Cooperativa, una correduría de seguros con sede en Barcelona especializada en el sector de la economía social y solidaria, el mundo asociativo y las energías renovables. Nacida en 1983, Arç gestiona los seguros de más de 3.500 cooperativas y otras organizaciones y da cobertura a las necesidades aseguradoras de 250.000 personas. 

Fuente: Alternativas Económicas