Los proyectos de viviendas colaborativas en cesión de uso, de propiedad colectiva, sin ánimo de lucro, son una alternativa innovadora de transformación social que satisfacen las necesidades humanas básicas y las de desarrollo personal y social. Basan su organización y función en un enfoque comunitario. Y constituyen comunidades que desarrollan relaciones interpersonales y asumen funciones que derivan en el bienestar de las personas.

La función ya no es simplemente proporcionar refugio, sino crear comunidades sostenibles y bien conectadas. Un espacio emocional donde sostener el proyecto de vida de cada cual, en un entorno cuidador, basado en la corresponsabilidad del apoyo mutuo.

Se trata de espacios de vida fijos, no temporales, como pueden ser los refugios para crisis climáticas, para emergencias, para personas que emigran por supervivencia. Estamos hablando de hogares para las distintas necesidades de nuestra vida, una vida con sentido. La incorporación de espacios verdes, áreas comunes y servicios accesibles transforman, así, estos proyectos en entornos que fomentan la inclusión y la calidad de vida.

Los alojamientos para mayores incorporan a la convivencia, para el desarrollo de la vida, los cuidados y servicios comunitarios, que promueven la autonomía funcional y social. Y cuando esta ya no es posible, reciben el tipo de cuidados elegidos, manteniendo la dignidad de la persona.

La socialización de cuidados en estas experiencias, donde estos no son una responsabilidad individual sino social, no exime a la administración pública de la suya. Es necesaria la articulación entre lo público y lo colectivo comunitario para desarrollar políticas de servicios sociales y la estrategia de cuidados.

 

Fuente: La Marea