Cada día se consumen más de 2.000 millones de tazas de café en el mundo, pero este gesto cotidiano está profundamente vinculado a desigualdades sociales, impactos ambientales y especulación económica.

Este mes que se celebra el Día Mundial del Comercio Justo, conviene recordar que el café —uno de los productos más comercializados del planeta— implica una cadena de producción donde la mayoría de las veces los beneficios se concentran en intermediarios y no en quienes lo cultivan.

  • Según el Coffee Barometer 2023, la expansión cafetera provoca deforestación (130.000 hectáreas al año) y pone en riesgo la biodiversidad.
  • El cambio climático amenaza el cultivo: se estima que más del 50 % de las tierras hoy aptas dejarán de serlo antes de 2050.
  • Aunque los precios del café suben, los pequeños productores (60 % del total) siguen recibiendo pagos bajos y sufren condiciones precarias. La OIT ha documentado casos de trabajo infantil en 17 países productores.

¿Una alternativa? El comercio justo

El comercio justo garantiza condiciones laborales dignas, precios estables y respeto al medioambiente. A través de redes cooperativas, las personas productoras acceden a formación, financiación y toma de decisiones democrática.

Consumir café con conciencia no significa dejar de tomarlo, sino entender qué apoyamos con cada elección de consumo. Apostar por el comercio justo es apoyar un sistema económico más humano, que pone en el centro a las personas productoras y protege el planeta. Por eso, la próxima vez que te sirvas una taza de café, tal vez la mejor pregunta no sea “¿solo o con leche?”, sino:¿Qué estoy apoyando con esta taza?

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