La historia se hace en común y es colectiva. Esto implica, de algún modo, que ningún hecho ni persona tiene impronta exclusiva en lo que nos acontece. Nuestra memoria se ha conformado por múltiples y diversos hechos del pasado, enredados en un tupido magma de influencias que nos trae al presente. Pero es igualmente verdad que algunos hitos dejan más huella que otros, y que hay momentos y procesos sin los que nuestro “ahora” sería muy diferente.

Esta reflexión aflora cuando echamos la vista atrás para recorrer la historia de REAS en su treinta aniversario. Y al mirar esta larga trayectoria por una economía más justa, sostenible y solidaria, nos preguntamos cómo sería nuestro entorno y nuestro presente si no se hubieran articulado las más de veinte redes que actualmente conforman esta red confederal, y las más de mil entidades y cerca de 300.000 personas que forman parte de estas redes, como personas trabajadoras, socias, voluntarias o consumidoras.

Uno de los grandes hitos, sin duda, es contar con alternativas de consumo en casi cualquier sector, pudiendo vivir en gran parte ajenas a las lógicas capitalistas. Gracias a miles de pequeñas producciones y cooperativas de alimentación (de producción, distribución y consumo) podemos alimentarnos con productos ecológicos, que no sólo son más saludables para las personas y el planeta, sino que articulan tejido productivo local para garantizar la soberanía alimentaria de los territorios. Podemos nutrirnos, también, de la energía que producen decenas de cooperativas de energía renovable, que no sólo ofrecen alternativas más sostenibles a los combustibles fósiles, sino que al hacerlo desde el cooperativismo y lo comunitario, democratizan un bien básico como es la energía, cuya gestión local genera beneficios sociales en puestos de trabajo, impuestos e inversiones que se relocalizan los territorios.

Esto y más podemos hacerlo posible, además, desde las finanzas éticas, que garantizan el derecho al crédito y que canalizan el ahorro de personas comprometidas con proyectos de alto impacto social y medioambiental. Bajo estos mismos criterios de dignidad, justicia social y sostenibilidad, podemos vestirnos, desplazarnos, comunicarnos, cohabitar en viviendas cooperativas en cesión de uso…, gracias a una amplia y diversa red de empresas que satisfacen las necesidades de la población en el marco de un mercado social que permite desconectarnos del capitalismo.

Una historia de muchas

Todo esto ha sido posible gracias al poder de la unión, al apoyo mutuo y la cooperación, a la solidaridad y reciprocidad de muchas personas, entidades y organizaciones, que a lo largo de estos treinta años han ido confluyendo para construir una economía que ponga la vida en el centro. Y es que la forma de entender el mundo y los valores intrínsecos a este movimiento instan a colaborar y articularse, también con el resto de los agentes que conforman el tejido socioeconómico. Como defiende la carta de principios: “La Economía Solidaria promueve una cultura de cooperación e interdependencia entre organizaciones para superar el modelo de competencia que aísla a personas y comunidades”.

Por ello, en estos treinta años hemos confluido con numerosos colectivos y agentes, partiendo de los espacios de encuentro con la Economía Social, gran familia de la que venimos, y donde aportamos nuestra voluntad transformadora más radical para hacer incidencia política ante las administraciones públicas. Buscamos así conformar un frente común capaz que pueda reclamar cláusulas sociales en la contratación pública o fomentar modelos laborales dignos, donde el trabajo sea una herramienta al servicio de la inclusión y el bienestar no una vía de plusvalía y obtención de lucro.

Y, como movimiento social que es la Economía Solidaria, también viene encontrándose con otros movimientos, como el Ecologismo y los Feminismos. El mejor ejemplo de ello es la última versión de la Carta de principios, producto de una revisión en clave de género y que conecta con los profundos retos ecosociales, integrando la ecodependencia que nos define y los límites biofísicos como marco de referencia ineludible para la acción económica.

En efecto, la alianza y confluencia con el Ecologismo social viene enmarcado por una profunda conexión con el planeta del que somos parte y la toma de conciencia de la necesidad de una producción y un consumo responsable. En este marco se han promovido acciones y plataformas por la soberanía alimentaria como Nos Plantamos o la coalición por la energía comunitaria así como se han realizado campañas de incidencia como la de Tenemos Que Hablar.

Si miramos a los feminismos, es muy densa la red de conexiones entre ambos movimientos, hasta el punto que decimos que “la Economía Solidaria será feminista o no será”. En esta historia común con los feminismos, se ha forjado un sólido marco teórico común que reformulan conceptualmente la economía, para situar a las personas y su calidad de vida en el centro de la actividad económica, redefiniendo el concepto de trabajo, incluyendo entre otras cuestiones todo el trabajo de cuidados sin el que la vida simplemente no sería posible. Producto de ello encontramos acciones como la Guía público-comunitaria para los cuidados realizado para el Instituto de las Mujeres o los informes de género realizados anualmente en las auditorías y los balances sociales.

En esta línea, hace años que REAS RdR viene apostando por la promoción de las Economía transformadoras, ecosistema que aglutina diversas economías de transformación socioeconómica y que desde REAS RdR se está promoviendo en diversos materiales de reflexión y difusión así como en encuentros y foros.

Esta articulación alcanza el ámbito internacional, con ejemplos como el realizado a raíz del Foro Social Mundial de Economías Transformadoras, realizado junto a la XES y Ripess, celebrado en 2020 y cuyas conexiones, sobre todo en el ámbito feminista, siguen estando muy activas. Y es que este camino recorrido en el Estado español no habría sido posible tampoco sin los lazos internacionales de un movimiento mundial como es el de la Economía Solidaria y que desde que arrancara en los años ochenta en América Latina y Europa se ha extendido a los 5 continentes, lo que le ha generado reconocimiento mundial.

Reconocimientos a esta larga trayectoria

Todo este camino de REAS y la Economía Solidaria a nivel estatal e internacional han generado numerosos reconocimientos. El más simbólico y significativo fue la Resolución de la ONU «Promover la economía social y solidaria para el desarrollo sostenible» de 2023, reafirmada en una segunda resolución el pasado año. Así mismo, en el Estado español, La Economía social cuenta con una Secretaría de Estado desde 2023 y ha sido dotada presupuestaria de manera significativa en el PERTE de economía social y de los cuidados de 2022, muestra del apoyo y reconocimiento institucional al impacto que genera este movimiento de la Economía Social y Solidaria que, entre otros, supone más de un 10% del PIB.

Estos reconocimientos se suman al balance y la celebración que internamente también hacemos en REAS RdR por éstos y otros hitos logrados estos 30 años. Y, con los retos que tenemos aún por delante, revalidamos el compromiso por el que nació la organziación en 1995 cuando un grupo pequeño de personas pioneras de no más de 20 organizaciones decidieron unirse para cambiar un presente que no les gusta, para construir escenarios de futuro y un mundo más justo, sostenible y solidario. En esa senda, treinta años más y lo que haga falta, seguiremos caminando…

 

Fuente: Alternativas Económicas